Hoy, después de mucho tiempo, por fin sentí un llamada, de esas que a veces llaman “revelaciones” (o “rebelaciones“, como yo prefiero pensarlo).

De pronto hoy sentí de nuevo la llama interior de querer formar un mundo nuevo. O bueno, mínimo un México nuevo. O bueno pues, mínimo un Guadalajara nuevo. Okay, está bien. Lo que sea, pero formar algo nuevo.

Desde hace un par de años tengo la espinita de la docencia en niveles superiores de educación, es decir, de dar clases a nivel universitario (con la edad uno se va creyendo más y más la mentira de que uno tiene algo valioso que decir, o algo que enseñar a los demás, pero en fin). Hace no tanto, cuando yo tenía más cabello que followers y no al revés (triste realidad), me ofrecieron la oportunidad de dar clases en mi alma mater, sin embargo, la situación no cuajó, y pues uno se quedó dándole lecciones al espejo y a extraños / borrachos en las fiestas.

Y bueno, para no hacerla larga, hoy se me presentó de nuevo la oportunidad de -eventualmente- meterle ideas chairas y revolucionarias a futuros universitarios, situación que me tiene contentísimo y haciendo changuitos (de la suerte, para que ahora si cuaje todo, y me dejen ser profesor loco universitario).

Venga. Si esto de la docencia es para mí, pues se acomodará. Y si no, pues chinguesumad… no se crean, que se acomode de todas formas, porque sí quiero dar clases.

 

Posdata —

Esto de poner públicos mis pensamientos me está gustando más de lo que creía. En una de esas hasta me les ando llendo de escritor, y me verán por ahí creyéndome intelectual.

R.